



F: bueno, qué día tenés libre? Cuándo te queda bien así nos volvemos a ver?
M: el miércoles puede ser, a la tardecita.
F: me parece bien. Justo ese día no trabajo. Los miércoles son mis días libres. Querés que me acerque a tu zona?
M: mmm bueno, algunos lugares lindos hay por allá.
F: Genial. Más o menos a las ocho... calculale. Después arreglamos bien en dónde.
F: no sabés qué día. Después te cuento. Se piró mi socio!
M: querés que lo dejemos para otro día?
F: no! Para las ocho estoy libre. No te preocupes. Decime, dónde vivís?
M: No te dije? Ahhh!!! acá… por el mercáo… por el mercáo de Abaaaastoooo… (Con vos de guapa ó cuco, elija usted)
F: uf, estás lejos eh! Complicadito el asunto! Jajaja!
M: no tanto che… hace rato vivo por acá… jamás me pasó nada… y no es tan lejos. Vos dónde estás?
F: manejando a Pacheco
M: jaja! eso si es lejos!
F: dónde querés que nos encontremos?
M: en la puerta principal del Abasto, te parece.
F: dale, no va a estar ni el loro a esa hora en el “mercáo” jajaja! Si me afanan te denuncio a vos también!
M: pero no seas llorón che! Cómo no va a haber gente a esa hora…
M: hola, estás demorado?
F: eh? Hace media hora que estoy acá, corazón?
M: yo también! Sobre qué calle estás?
F: qué se yo! No tiene calles esto! Entré por el acceso Gral. Paz… que se yo, la puerta principal!
M: pero yo estoy acá en la puerta del Shopping, sobre Corrientes, y no te veo! Qué acceso de Gral. Paz tomaste! Dónde estás?
F: EN TAPIALES CORAZON! EN EL MERCADO! NO ESTA NI EL LORO ACÁ! TE DIJE…
M: PARÁ PARA PARÁ!!! ME QUERÉS DECIR QUE ESTÁS en el MERCADO CENTRAL DE BUENOS AIRESSSS???
F: y sí, dónde me dijiste vos?
M: Yo te dije en el Abasto!!! ABASTO Shopping!!!!
F: pero vos dijiste que vivías por el “mercáo”???
M: siiiii… por el mercáo de Abasto, te dije, irónicamente… hoy el mercado de Abasto es el Shopping…FERNANDITOOOOOO!!!

NO NO NO, YO NO FUI! ESTA VEZ, YO NO FUI!
Hoy el aporte viene desde el otro hemisferio y nos regresa a las historias de abducidos, que al parecer, es un problema mundial.
Zafira es una chica turca que vive en EE.UU. y como muchas personas de ese país (www.bbc.co.uk/mundo/cultura_sociedad/2010/08/100819_0012_estados_unidos_internet_pareja_amor_jg.shtml), conoció a su pastelito por Internet. Esta vez la conexión fue a través del sitio www.harmony.com. Quienes vivan por esos lares y tengan info de interés de ese site, se agradece ampliar de qué se trata en los comentarios.
Cuestión que no sé cómo, pero Zafira conoció a Paul y como muchos suelen decir, FLASHEÓ. Paul tenía 39 años, era abogado, buen mozo, atlético, simpático. Desde un principio tuvieron muy buena onda. Se escribían mails, chateaban, hablaban por teléfono y se veían. Lo que llamaba misteriosamente la atención era que después de cada cita, Paul no dejaba pasar más de dos o tres días para coordinar el próximo encuentro. Raro un tipo con tanta frecuencia e iniciativa…
Sus propuestas eran variadas. Varias noches salieron a cenar. Otras fueron a tomar algo. Hicieron picnic en la plaza. Tardes de pileta. Caminatas por el parque. Cine al aire libre bajo las estrellas. Cine en Cinemark… la invitó a la casa en la primera semana. Durmieron juntos varias noches. Tan intenso fue todo que hasta llegaron a hablar de exclusividad. Qué tema el de la exclusividad cuando uno anda de roteishon por los e-dating sites…
Zafira estaba embobada. Parecía que todo iba super bien. Paul era muy cariñoso, insistía con que ella pasara más de una noche por semana en su casa y siempre tenía ganas de verla. Y a ella le encantaba, ofcors! Y porque le encantaba, nunca opuso resistencia… re-ofcors!
Había pasado un mes cuando Zafira lo llama por teléfono para coordinar dónde encontrarse. Pero Paul no contestó. Insistió un par de veces más, y otra vez Paul no atendió. Esperó un par de horas y volvió a llamar. Entonces Paul atendió y se excusó diciendo que el día anterior había tenido un ataque de pánico, que no estaba preparado para enfrentar una relación tan seria, y que prefería poner distancia y no verla más. La conversación no fue más allá que eso. No hubo espacio para preguntar nada más.
Zafira se preguntaba una y mil veces qué habría sucedido. No podía creer que las cosas terminaran así. Pero se convenció y decidió olvidar. Pasó una semana, dos, tres y contactó a otro muchacho por Internet: John. Coqueteo cibernético. Mail, chat… y pusieron cita para conocerse.
Se acuerdan de Pancho? Ese pibe que se fue desde Tigre a Huanguelén para conocer a una chica y terminó durmiendo en un hotelucho de mala muerte? Bueno, ese mismo, si, si… viene con una mala sueeeerteeeee… hoy nos deja una anécdota corta, pero digna de contar.
Como les decía en aquella oportunidad, Pancho está completamente convencido de que existe una mujer en algún lugar que todavía él desconoce, y que ha sido predestinada a enamorarse de él, y él de ella. Es así, a pesar de todas las malas experiencias, Pancho no se desanima y continúa en su búsqueda con la misma energía y la misma predisposición a enamorarse.
Esto quiere decir que sigue con su habitual investigación de perfiles de ZonaCitas, que habitualmente sigue teniendo primeras citas. A veces llega a segunda base, incluso a tercera… pero todavía no ha llegado a más. Cuestión que explorando perfiles en ZC, hace poco dio con una morocha infartante. Se llamaba Clara, y van a ver qué bien le hacía honor al nombre!
Clara tenía 30 años, era analista de sistemas, soltera, sin hijos, y de Capital Federal. Buscaba un hombre divertido, que le gustara mucho correr, comer, etc.. Pancho corre dos veces por semana, sale a comer muy seguido, y obviamente, no reparó en el etc.. El resto de la descripción de Clara era lo habitual: películas favoritas, destinos favoritos… signo del zodíaco… ni más ni menos que lo que te pide ese site.
Pancho le mandó un guiño. Ella no solo le contestó, sino que como había pagado la membresía mensual, también le envió un mail. Hasta el día que planearon verse, cruzaron un par de mails, algunos mensajes de texto y chatearon sólo una vez. En las fotos, Clara se veía hermosa. De las idas y venidas de mails y mensajes de texto, Pancho intuía que Clara era una chica que tenía muy buen humor, respuestas rápidas y divertidas. Y le propuso verse. Qué mejor que conocerse para ver si podía llegar a haber algo más. Qué mejor que conocerse para dejar de perder el tiempo. Porque si Clara no era para él, entonces había que retomar la búsqueda lo antes posible. Y si Clara era, entonces para que dejar pasar el tiempo, cuando lo podían disfrutar juntos.
Entonces tuvieron una primera cita. Ciertamente, Clara era tan linda como se veía en las fotos, sólo que en las fotos no se veía el piercing que llevaba en su lengua, y mucho menos se veía el par de piercings que decoraban sus pezones, según le había contado ella, a los 5 minutos de conocerla. Y a Pancho eso le daba un poquito… poquito, tampoco tanto… de impresión.
Con el pasar de las horas, Pancho se dio cuenta que efectivamente, Clara era una chica con buen humor, de respuestas rápidas y divertidas. De hecho, todo lo que Pancho había intuido, era así. Salvo por un pequeño detalle: Clara era una chica clara, de respuestas muy rápidas en el más amplio sentido de las palabras. Podría decirse: Clara, de respuestas muy rápidas y muy claras.
Así terminó la cita:
P: la pasaste bien?
C: sí, muy bien. Sexo hoy? Qué te parece?
P (sorprendido): eh…
C: mirá antes que nada, te cuento, entre nos (con mirada cómplice y voz sensual) me podés dar tranquilamente por atrás porque ya no me duele.
Mamitaaaaaaaaaaaaaa!!! Que confesión! DELICADEZA total!!! No haber estado en la mesa de al lado y escuchado semejante frase… “ya no me duele” – le dijoooo, entendeeeés? – “me podés dar” – dar un palo, un garrotazo! Una divinura. Convengamos que por más opend mind que nos creamos, no todos estamos preparados para este tipo de situaciones… al menos yo, no. Y sigue la cosa:
P (sorprendidísimo): hoy no… ya es tarde.
C: la próxima entonces, dale. Supongo que habrás notado en mi perfil que me gusta mucho correr, comer, etcétera jaja! Eso sí, coser no entra en el etcétera! Jaja!

Habiéndolo pensado bastante, decidí no cerrar el blog y publicar los viernes, siempre y cuando haya material. Digamos, le escapo a la rutina de los lunes, miércoles y viernes y me entrego al destino, que en este caso, lo dictan ustedes. No sean amargos y compartan sus anécdotas, que yo me comprometo a darles forma! Y a imaginar. Así que vos, que estás al pedo, por qué no me mandas una historia, como hizo Jimena, eh?
Porque si, la verdad es que hay mucha gente que está al pedo… No, al pedo no: Al reverendo pedo! que suena mucho más al pedo aún. Pero está bueno! Porque gracias a lo al reeeeeeeepedo que estaba Jimena aquella fría y solitaria noche, hoy tenemos algo que contar!
Jimena hacía más de 4 años que estaba sola. No enganchaba ni la ropa en una silla de madera astillada. No había pibe que le viniera bien y ya empezaba a preocuparse de su soltería. La gente que la rodeaba estaba más preocupada aún, y como si fuera poco, su hermana menor estaba a punto de casarse, con lo cual el comentario habitual y torturante de su madre y abuela era “Jimenita… vas a quedar para vestir santos… porqué no imitás a tu hermana…”.
Una vieja más hija de puta que la otra. Pero Jimena para no alterar el orden familiar, no las mandaba a la mierda. Simplemente, cuando llegaba a su casa, sola, se miraba al espejo y se repetía “mejor sola que mal acompañada”.
Y así pasaron varias noches de soledad. Una noche, fría y solitaria del mes de julio del 2008, por alguna razón desconocida, quizá hartazgo de conciencia, quizá demasiado estar al pedo, Jimena se propuso emborracharse sola. Se abrió un vinito. Prendió un cigarrillo. Prendió la radio y sintonizó un dial a azar.
Por desgracia, o no, dado que hoy tenemos qué contar, dio con un dial religioso donde un carismático pipistrulo que oficiaba de locutor relataba unos “consejos para no sentirte solo, porque vives en compañía de Dios” (¿? A la mierda! Lo bueno de vivir con Dios es que no te usa el control remoto de la tele, no deja la tapa del inodoro levantada, no te toma
Y pasaron los comerciales y salieron al aire los mensajes prometidos. Dejó un mensaje Ramón, otro mensaje lo dejó Irma, también había llamado un tal Roco y finalmente se escuchó el mensaje del Chaiman:
C: Estoy solo. Sin amor no soy nada. Llamame. Chaiman.
Y Jimena que ya se había bajado media botellita de vino y que seguía tentada por los comerciales y los mensajes anteriores, tomó nota del número de la radio y llamó.
J: Chaiman, yo también estoy sola. Te mando un beso.
Y como tantas otras veces que el diablo mete la cola, terminó armándose flor de quilombo. El locutor, después de salir al aire el mensaje de Jimena (que no había dejado su nombre, dicho sea de paso) alucinó con que se había formado una pareja. Entonces los invitó a dialogar por la radio a través de mensajes al 4856 4562.
L: Chaiman, ella te llamó. Ya no estás solo. Dios te vuelve a encontrar con el amor. Dios nos pone siempre en camino al amor, hermanos! Y vos, que no has dejado tu nombre, pero que pensaste en él… él te espera. Este número 4856 4562 es ahora vuestro espacio para encontrarse.
Jimena que ya estaba totalmente borracha, entendió la onda del pipistrulo locutor y se enganchó. Pensó: y si de esto sale algo bueno? Y si conquisto un novio… que me importa si es lame santos! Yo quiero un novio! Y volvió a llamar.
J: Chaiman, me encantaría verte.
El locutor estaba como loco. Le faltó gritar “Aleluya Aleluya!” y cerraba con moño el programa. Pero se controló, y a cambio solo dijo:
L: Y llegando al final, un nuevo mensaje para Chaiman… Chaiman, a ella le encantaría verte. Mañana, mañana otro nuevo programa… y una nueva oportunidad para el amor. Mañana es tu día para enviarle una respuesta.
Jimena se fue a dormir totalmente borracha y tentada de la risa. Lo que menos se imaginó fue que el Chaiman también se engancharía en este cotolengo. Pero por algo, a la siguiente noche volvió a sintonizar el dial. Y antes de llegar la segunda tanda de mensajes, el pipistrulo locutor anunció:
L: quédense ahí, al regreso de los comerciales, la respuesta del Chaiman…
Terminaron los comerciales y salió al aire el mensaje del Chaiman y luego, otra vez el locutor:
C: Te espero en el bar de Corrientes y Yatay, mañana a las siete de la tarde.
L: la humildad, la entrega y la esperanza de estos seres es divina. Dios enviará a sus ángeles para guiarlos en esta historia de amor.
Jimena estuvo el resto de esa noche, mientras el programa sonaba de fondo, pensando en qué haría al otro día. Conocía el lugar. No correría ningún tipo de peligro. Si era joda, lo peor que podía pasar era que el flaco no fuera. Y si hay gente que se conoce por Internet, por qué ella no podía conocer a alguien a través de la radio… (Convengamos que la radio no era el problema, sino el tipo de radio… muy particular… demasiado particular!!!)
A las siete de la tarde Jimena entró al bar. En una mesa, sobre la esquina, estaba un muchacho solo, mirando hacia todos lados y revisando el reloj. Jimena se acercó:
J: hola, vos sos Chaiman?
C: hola, si, y vos sos…?
J: Jimena
C: un gusto… y cómo sabés quién soy?
J: por la radio
C: ah… vos escuchás esa radio…
J: sí
C: mirá vos… y viniste a presenciar el reencuentro? Nunca se me hubiese ocurrido…
J: ¿?
C: mi ex no llega… vos crees que vendrá? Se habrá arrepentido? Mmm no creo… debe estar demorada por algo… que loco, nunca se me hubiese ocurrido que nos reconciliaríamos así, por la radio…
Jimena seguía parada al lado de su mesa, mirándolo. Él con cara de enamorado y arrepentido (ternero degollado que le dicen, vio... alguna cagada se había mandado y por eso lo habían pateado). En un segundo Jimena comprendió todo, y no sabía si decirle la verdad o marcharse, dejando al Chaiman solo, esperando a alguien que jamás aparecería… y le dio pena ocultarle la verdad, y le contó todo tal cual había sucedido.
Damián, ese era su nombre verdadero, hacía dos semanas se había peleado con su novia, y aquella noche llamó a la radio porque estaba solo, sus padres habían salido… y le mandaba ese mensaje a su ex, con la que siempre escuchaba el programa, para que se animara a llamarlo…, ya no sabía qué más hacer para que ella le diera bola y lo perdonara (vieron que alguna cagada se había mandado…). Y cuando escuchó el llamado de Jimena, diciendo que también estaba sola y que quería verlo, su vida había recobrado sentido.


Historias de amor inconclusas hay por doquier. Muchas de esas por cobardía de los actores protagónicos, y otras tantas por las vueltas de la vida… Que triste es encontrarse con esos protagonistas y verles la cara de desconsuelo cuando te cuentan su historia de amor… pensar que el tiempo pasa y no hay modo de volver atrás para terminar aquello. Lo más loco es que muchas de esas personas se quedan inmersas en ese pasado, intentando repararlo, buscándole la vuelta… se les pasa la vida llorando por lo que no fue.
Pero siempre llega ese temido día que la vida, de un cachetazo inesperado y violento, los devuelve a la realidad. Ese día, se quieren matar. Porque estuvieron en el limbo, enamorados de un pasado. Porque desperdiciaron sus días. Porque eligieron otros rumbos para tratar de olvidar. Por eso lo que no fue, no fue. Y a otra cosa mariposa. Y cuanto más rápido uno se da cuenta, mejor. Sabino y Margarita son los protagonistas de esta historia inconclusa de amor.
Sabino y Margarita estudiaron medicina e hicieron juntos la residencia. Eran inseparables. Tal para cual. Habían forjado una amistad basada en el respeto – él siempre la respetaba (¿? Quizá demasiado?). Compartían mucho tiempo y se los veía tan bien juntos que la gente siempre sospechaba que entre ellos había algo más que una respetuosa amistad. Margarita también creía lo mismo, al menos de su parte, porque Margarita estaba locamente enamorada.
Sin embargo nunca habían hablado del tema. Ella intuía que a él también le pasaba algo, algo más profundo que una linda amistad. Y no solo lo intuía. Él también daba señales. Muchas veces la había invitado a cenar para “hablar de nosotros”, pero siempre terminaban hablando de cualquier cosa, menos de ellos como posible pareja. Cuestión que todos se preguntaban, incluida Margarita, cuándo iban a concretar!
Llegaba el mes de enero y las ansiadas vacaciones. El año de residencia había sido extenuante. Con mucho esfuerzo, Sabino había conseguido tomarse un par de semanas en la costa. Se iba un sábado por la mañana. El viernes llamó por teléfono a Margarita, le contó su plan y le prometió que al regreso la invitaba a cenar, porque esta vez tenían que hablar de ellos. Necesito hablar con vos de lo que siento – dijo.
Obviamente Margarita imaginó de qué se trataba… y se ilusionó. De boca de Margarita escuché decir: estaba segura de que se me iba a declarar. Y así esperó ansiosa su regreso. Digresión: A DE CLA RAR!!! JAJAJAJAJA!!! Perdón… volvamos.
A los quince días Sabino vuelve a Capital Federal, pero no se ven enseguida. Por alguna extraña razón les costaba coincidir para verse. Y así pasó toda una semana… y a ella le llegaron rumores de que Sabino había sido capturado por una rubia despampanante, tan adinerada como él. Cuando finalmente coincidieron para verse, fueron a cenar y Sabino le contó que había conocido a una chica en sus vacaciones, que se había enamorado perdidamente y que habían decidido casarse. Otra digresión: entonces los amores de verano no son pasajeros… se me cayó un mito.
El tipo, muy fresco, se casó a los seis meses de conocer a su amor de verano y se fue de luna de miel dos meses. Perdón pero hoy estoy con las digresiones: la luna de “miel” me pinta tan mal. Por qué no luna de chocolate, eh? Yo voy a tener luna de chocolate. Ó de dulce de leche, ó de leche condensada que es super empalagosa pero me encanta! La miel me re pug na. Me recuerda al té con miel que mi vieja me obligaba a tomar cuando era pibita y tenía tos. Odio la miel. Les decía, se fueron de luna de dulce de leche dos meses y recorren Europa y EE.UU, y al regreso se fueron a vivir a
Margarita quedó destruida. No podía culparlo porque en realidad nunca había pasado nada entre ellos. No la había traicionado. No la cambió por otra. Simplemente, Sabino se había enamorado de otra mujer. El sueño de una vida al lado de ese maravilloso hombre había quedado en el pasado. Y nunca más se volvería a enamorar.
Luego de siete meses de casado, él se da cuenta que había cometido un error: la convivencia era un desastre y ese amor de verano, había desaparecido... (los amores de verano son pasajeros, el mito volvió!) Y cuando ese amor desapareció, Sabino comprobó que en su corazón seguía intacta Margarita. Entonces volvió a buscarla. Era sábado. Fue a la guardia. Pero Margarita ya no estaba. Fue a la casa. Ya no estaba.
Margarita, desesperada, al ver que había perdido a su amor… SE INTERNÓ EN UN COMVENTO DE MONJAAAA!!! y sólo su familia, de la cual Sabino no tenía ni un solo dato, sabía dónde estaba. Por ende, Sabino jamás la encontró.
Pasaron veinte años, Facebook mediante se reencontraron. Margarita había dejado los hábitos (los hábitos de pe lo tu da… perdón Marga, pero mirá que meterte a monja por algo asi! Pordió!) hacía tan solo un año, porque aún estando de monja no lograba olvidarlo, y sentía que traicionaba a Dió (¿?). Y Sabino, al ver que Margarita ya no estaba, se conformó con su amor de verano. Tuvo dos hijos. Engordó. Perdió todo el pelo. Jamás ejerció su profesión. Y se convirtió en un tipo aburrido, castigado por el conformismo y amargado por no haber reaccionado a tiempo.
Una tarde se juntaron a tomar un café. Y Margarita lo vio. Hablaron largo y tendido… y en un momento, sin previo aviso, recibió esa cachetada inesperada y violenta que la trajo de prepo a la realidad: Sabino no era el de antes. Aquel Sabino ya no existía ni existiría jamás. Había vivido años enamorada de un pasado equivocado. De un hombre que ya no estaba, que había perdido su verdadera esencia aquel sábado… cuando no la encontró.

EL HABITO NO HACE AL MONJE
NI A
Bueno, feriado. Entrada obligada. Un saludo al difunto y aprovecho para dejar algo muy viejito, by me, que testifica que soy insoportable desde siempre! El miércoles, historia de una puta. Impecable.
Y A QUE VIENE ESTO? By me
Odio las preguntas mal formuladas. Tanto como odio no entender, y, sobre todo, las preguntas sin respuestas. No tolero que algo sea así porque sí. No lo entiendo. No lo acepto. De hecho prefiero una respuesta evasiva. Podría, en el mejor de los casos, interpretarse como una actitud defensiva. Y en ese caso quizá estar ante una persona inteligente, o con cintura. Pero una pregunta mal formulada, deja hasta al más inteligente sin respuesta. Y por lo general, genera otra pregunta, que apunta a pedir aclaración de la pregunta inicial. Muchos pasos. Y lo que es peor, lo deja a uno como un ignorante que no entiende de lo que se está hablando. Por otra parte, no importa el contexto. Nadie debe asumir que el otro tiene el poder de leer el cerebro humano como para interpretar lo que ha querido decir con esa pregunta que no se explica de dónde viene… ni a qué va. Permítaseme un ejemplo, y tíldeme de insoportable, pero no me hará cambiar de opinión. Salón de gimnasio, lleno de personas dispuestas a comenzar una clase de: Fight Do. Pregunta del entrenador. Quiénes son nuevos? – los nuevos instantáneamente levantan una de sus manos – siguiente pregunta dirigida a uno de los nuevos: alguna vez hiciste algo? Cuál diría usted que sería una respuesta correcta? Bueno la respuesta fue: a qué te referís con algo? Algo en qué sentido? Y sí… sí… hay gente que necesitamos preguntas bien formuladas si se espera de nosotros una respuesta contundente. “Alguna vez hiciste algo?” Por supuesto!!! Vivimos haciendo cosas!!! Luego la gente no se entiende… Así, es lógico. Pereza para comunicarse... Oración corta… en fin. Volvamos. Dada la respuesta, cuál cree usted que fue la siguiente pregunta del entrenador? Alguna vez hiciste algo… eh… como ser…Tae-Bo o Aero-Box? Ahora sí. Ahora te entendimos bien. Ahora te comunicaste como se debe, y no a lo Tarzán. Acaso te quedaste sin aire, sin energía para la clase, sin saliva? No. Claro que no. Pero la cosa no se acaba ahí. Si, ya se. Soy insoportable. También está el tipo ese que ante una pregunta sencilla, te sale con un discurso al mejor estilo Fidel Castro. Que me perdone Fidel, pero sus discursos son, o eran, definitivamente, extensos. Le preguntás a alguien “querés café?” Y de ahí un discurso – no porque el café me hace mal, si lo tomo después de las cinco de la tarde no me duermo, además me da acidez y dicen los médicos que hace mal tomar mucho café… y el edulcorante... – y la cosa podría haber sido peor. Es tan simple decir si, ó no. Sin embargo, no quiero con esto aniquilar el origen de una conversación amena. Usted entiende. Hay veces y veces. Aunque en ningún caso coincido con aquellos radicales de las preguntas cerradas. Aquellos que se molestan si ante una pregunta cerrada, en lugar de responder si ó no, su interlocutor responde “bueno”. Hay gente extremista. Y si, a mi me molestan las preguntas mal formuladas. Extremadamente. Quelevoacer!
No les voy a decir que me siento la más vieja del condado, pero mierda que se van sintiendo los años. Sin ir más lejos, anoche cuando me fui a acostar, fue todo un circo. Al mismo tiempo tenía una almohadilla eléctrica en las cervicales, un gel frío en la rodilla, crema en la cara y otra en las piernas. Divina. Espléndida. Ni hablar si me remonto al pasado y comparo las maratones nocturnas de los 20 años con un fin de semana actual… qué lo parió!! La media noche ya pinta para el bostezo, la una de la mañana ya me invita a mirar el reloj y pensar: ojalá alguien se quiera ir ya, así digo “sí, yo también me voy, estoy muerta”. Las dos de la mañana definitivamente me mal predispone y empiezo a decir “uh estoy muerta…, en un rato me voy”, y si llegué a las
Que vieja que estoy… me consuela saber que seamos tantos los que sentimos lo mismo. Y como somos tantos los que imperiosamente necesitamos salir tempranito y volver a casa también temprano para no estar todo el día siguiente rotos, zombis y duros como una momia, los empresarios de la noche se han encargado desde hace rato de que la agenda de eventos, afters, bares y fiestas esté armónicamente organizada para ocupar los días miércoles, jueves y viernes a partir de las 20 hs (salidas tarde-noche del ambiente porteño). Entonces hay infinidad de propuestas. Entre ellas el after de Belushi, Museum, Godoy ó el del Club Europeo. Y todos están siempre llenos.
No obstante, así como estamos los que nos cansamos de tanta farra, y que con suerte metemos una salida a la semana, también están los que no se pierden una. Y al mejor estilo veinteañero se los puede ver de roteishon cualquier noche de miércoles y/o jueves… picoteando o a la pesca, de alter en after. A estos personajes, hombres y mujeres por supuesto, a pesar de vivir en una gran ciudad, se les hace más fácil conocer a alguien y volverlo a encontrar, porque siempre están shirando la tarde-noche porteña. Hay que estar advertido de algo: es complicado enredarse con esta gente porque si la cosa no marcha, o sólo quisiste enredarte por un rato, tenés 100% de certeza que te los vas a volver a encontrar. Ellos están siempre.
Valentín hacía seis años que vivía con su mujer, y esta vez es bien pretérito porque a raíz de esta historia, la mina le echó flit. Trabajaba en una oficina en lo alto de Puerto Madero, con vista al río y a toda la ciudad. El equipo de trabajo estaba conformado por hombres y mujeres, todos jóvenes (si están arruinados como yo anoche… entonces no tan jóvenes…) entre 30 y 38 años, algunos solteros, otros casados, y un par de amontonados. Por años, había sido costumbre del equipo, para cada cumpleaños, salir a almorzar. Pero los solteros nuevos que habían ingresado ese año propusieron innovar en la modalidad de festejo, sugiriendo reemplazar los almuerzos por algún tipo de salida al terminar la jornada laboral. Y todo el equipo estuvo de acuerdo.
Miércoles 10 de marzo, llegó el primer cumpleaños, el de Baltazar, entonces reservaron mesa para las 20 hs en Museum. La mujer de Valentín no estaba muy contenta con esta nueva modalidad de festejo. Le parecía un poco infantil o inmaduro que estando él casado, se fuera de joda con la gente de la oficina a un after office como el de Museum. Ya estás grande… Por qué no van a cenar a un restaurante cómo la gente? – Le decía ella a Valentín – Porque los restaurantes como la gente no existen. Los restaurantes son como los restaurantes. Y la gente como la gente. Esa frase es muy pelotuda, querida – Le contestaba Valentín. Y ella se ponía loca.
Ese miércoles, como todos los miércoles, ella se juntaba con sus amigas (las amigas teteras) a tomar el té a las 20 hs y regresaba, como todos los miércoles de té, a la media noche. Pero por alguna extraña razón, canceló y no fue. Llamó a Valentín al trabajo y le dijo que se sentía mal, que no iría al té. También aprovechó el llamado para intentar convencerlo de no salir con la gente de la oficina, o de ir a un restaurante normal. Pero la reserva estaba hecha y Valentín tenía ganas de salir. Cuestión que fue.
Salieron todos de la oficina. Llegaron a Museum y tenían reservado un living (living: dícese de una mesita ratona con unos puff blancos alrededor… es decir, mesa y sillas para enanos que comerán incómodos, al igual que otros grupos que reservaron los restantes 20 livings, pero que top!). Casi todos pidieron pizza y empezaron a tomar. El pibe del post del miércoles diría, se tomaron hasta el agua de los floreros…y Valentín no se quedó atrás. Estaba bastante borracho para cuando el grupo se levantó y fueron al centro de la pista a bailar.
Jarana va, jarana viene, pasito Chayanne… más cerveza, todos de joda. Unas minas empiezan a rondar el grupo y los solteros del equipo sacaron sus cañas de pescar. Pero al parecer las señoritas ya tenían detectadas a sus víctimas. Una de ellas encaró a Romi, y Romi le salió con los botines de punta. Lamentablemente, Romi es homofóbica y chinofóbica. Pero lo trata en terapia. Así que todavía se puede recuperar. Cuestión que mientras todos se cagaban de risa de Romi y su levante, la otra señorita lo enroscó a Valentín, que borracho como estaba, prefirió darle bola a su diablito interno… y se la chapó. O se lo chapó. Seigual. Los compañeros del equipo no entendían mucho, en realidad no entendían nada. Pero qué iban a hacer? Cortarle el mambo? Si. Franco que es el más conservador del grupo, a los 15 minutos de contemplar la escena de franela desesperada, intervino.
Franco: flaco… Eh, che! Valentín! Qué carajo estás haciendo! Si te ve tu mujer te mata!
Valentín: mmm bombón! (Valentín le hablaba a la señorita que se apretaba, sin mirar a Franco, y en un estado de borrachera deplorable)
Franco: dale flaco, vamos…
Y lo agarró de un brazo y se lo arrebató a la mina, que lo miraba con tremenda cara de atorranta. En el mismo instante que Franco tironea a Valentín del brazo, pasan todas las amigas teteras de su mujer. Que evidentemente, no estaban tomando ningún té.
Valentín: y ussshhhtedes que hashen acaaaa, ttttrrrrooolaas!
Amigas teteras: Valentíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin!!! – con cara de horror (no se sabe si por haber enganchado a Valentín con la frenética señorita, ó por haber sido descubiertas en tan particular casita de té)
Franco: hola eeehhh está un poco mal, tomó demás…
Y Franco se lo llevó. Lo subió a su auto y lo dejó en la puerta de su casa. Tremendo quilombo el que se armó cuando su mujer lo vio tan borracho. Al día siguiente, Valentín tenía la cara hinchada, deformada. Una resaca de puta madre y la voz más grave que la de Graciela Borges. Mientras desayunaban, la esposa le taladraba el cerebro diciéndole que era vergonzoso el estado en el que había llegado. Con qué cara miraría a sus compañeros… y una sarta de puteadas que no hacían más que reforzar el dolor de cabeza de Valentín.
Ese mismo día, en la cena, cuando la tormenta había pasado, Valentín interrogó a su mujer respecto de la salida de sus amigas teteras.
Valentín: qué hacían tus amigas en Museum anoche?
Esposa: habrán cambiado de idea…
Valentín: será que ya han cambiado de idea algún otro miércoles y jamás me contaste?
Esposa: mirá… no estás en condiciones… el horno no está para bollos… yo nunca te oculté nada.
Valentín: ok…, si vos lo decís…
Pasaron las semanas y llegaba el siguiente cumpleaños. Jueves 9 de abril, el festejo sería en el after office del Club Europeo. Y la historia se volvió a repetir. La esposa de Valentín insistía con que era un desubicado por salir de joda. Pero a último momento, como esta complicación se le presentaba a más de un casado o amontonado, decidieron invitar a las parejas también. Entonces las esposas se tranquilizaron.
Llegó el día del cumpleaños. Torta y sándwich en la oficina, y a las 20 hs todos enfilaron al after. Las parejas iban llegando también. Algunos comieron pizza, otros cazuelas… cuestión que cuando terminaron de cenar, bajaron al primer piso. El evento estaba lleno. No se podía caminar. Así que el grupo ganó espacio como pudo, a codazos y caderazos, y se dispusieron a bailar.
Mientras bailaban, Valentín había notado cierto nerviosismo en su esposa, y le llamaba la atención la cantidad de muchachos que la saludaban al pasar. Valentín hacía años que estaba fuera del mercado. La movida de la tarde-noche porteña no la conocía. Menos imaginaba que existían estos personajes que shiran de bar en bar, de after en after. Y quiso la suerte que habiendo transcurrido una hora, cuando el lugar estallaba de gente, se acercara una señorita con una vestimenta demasiado ajustada. Valentín le vio cara conocida. La señorita lo saludó cabeceando, y al ver que él también la saludó, pero con cara de DE DÓNDE TE CONOZCO? la flaca se acercó aún más, le puso un beso en la boca y le dijo:
Señorita: Si te ponés borrachín como en Museum y me querés volver a besar, voy a estar esperándote en el patio. Valentín, verdad?
Valentín, desorbitado, tomó conciencia de quién era la señorita y de dónde la conocía. Los compañeros de la oficina, Franco en particular, estaban todos bastante inquietos y nerviosos por lo que acababa de pasar. La esposa de Valentín lo miraba asombrada. Y Valentín no atinó a disimular… Su esposa lo empujó, y se fue. Valentín salió detrás de ella pero no la alcanzó. Cuando llegó a la casa, ella había cerrado la puerta, colocado las trabas y no pudo entrar. Esa noche Valentín durmió en un hotel, a la vuelta de su casa. Y la noche siguiente también. Y desde entonces no ha vuelto a su casa más que para retirar sus pertenencias.
Siempre le quedó la duda de qué hacían las amigas teteras en Museum y quiénes serían los muchachos que saludaban a su mujer en el after del Club Europeo. Hasta que un día hizo ese comentario entre los solteros de la oficina y uno le dijo: Valentín, jamás me atreví a decírtelo… pero tu mujer no iba a ningún té! Tu mujer era figurita repetida en Museum, y ese jueves se encontró con todos los pesonajes que shiran y shiran!
Hace un tiempo, a raíz de la revelación de algunas viejas anécdotas amorosas, varios de mis amigos coincidieron en que había llegado el momento de contar “historias”. Pero no cualquier historia. Propusieron que comparta la colección de anécdotas que he acumulado gracias a ciertos pastelitos que se cruzaban en mi camino, y que hacían que cada vez que me preguntaban qué hacía sola, yo contestara “coleccionando anécdotas”. Y acepté la propuesta.
ENCUESTAS ANTERIORES