

F: bueno, qué día tenés libre? Cuándo te queda bien así nos volvemos a ver?
M: el miércoles puede ser, a la tardecita.
F: me parece bien. Justo ese día no trabajo. Los miércoles son mis días libres. Querés que me acerque a tu zona?
M: mmm bueno, algunos lugares lindos hay por allá.
F: Genial. Más o menos a las ocho... calculale. Después arreglamos bien en dónde.
F: no sabés qué día. Después te cuento. Se piró mi socio!
M: querés que lo dejemos para otro día?
F: no! Para las ocho estoy libre. No te preocupes. Decime, dónde vivís?
M: No te dije? Ahhh!!! acá… por el mercáo… por el mercáo de Abaaaastoooo… (Con vos de guapa ó cuco, elija usted)
F: uf, estás lejos eh! Complicadito el asunto! Jajaja!
M: no tanto che… hace rato vivo por acá… jamás me pasó nada… y no es tan lejos. Vos dónde estás?
F: manejando a Pacheco
M: jaja! eso si es lejos!
F: dónde querés que nos encontremos?
M: en la puerta principal del Abasto, te parece.
F: dale, no va a estar ni el loro a esa hora en el “mercáo” jajaja! Si me afanan te denuncio a vos también!
M: pero no seas llorón che! Cómo no va a haber gente a esa hora…
M: hola, estás demorado?
F: eh? Hace media hora que estoy acá, corazón?
M: yo también! Sobre qué calle estás?
F: qué se yo! No tiene calles esto! Entré por el acceso Gral. Paz… que se yo, la puerta principal!
M: pero yo estoy acá en la puerta del Shopping, sobre Corrientes, y no te veo! Qué acceso de Gral. Paz tomaste! Dónde estás?
F: EN TAPIALES CORAZON! EN EL MERCADO! NO ESTA NI EL LORO ACÁ! TE DIJE…
M: PARÁ PARA PARÁ!!! ME QUERÉS DECIR QUE ESTÁS en el MERCADO CENTRAL DE BUENOS AIRESSSS???
F: y sí, dónde me dijiste vos?
M: Yo te dije en el Abasto!!! ABASTO Shopping!!!!
F: pero vos dijiste que vivías por el “mercáo”???
M: siiiii… por el mercáo de Abasto, te dije, irónicamente… hoy el mercado de Abasto es el Shopping…FERNANDITOOOOOO!!!
NO NO NO, YO NO FUI! ESTA VEZ, YO NO FUI!
Hoy el aporte viene desde el otro hemisferio y nos regresa a las historias de abducidos, que al parecer, es un problema mundial.
Zafira es una chica turca que vive en EE.UU. y como muchas personas de ese país (www.bbc.co.uk/mundo/cultura_sociedad/2010/08/100819_0012_estados_unidos_internet_pareja_amor_jg.shtml), conoció a su pastelito por Internet. Esta vez la conexión fue a través del sitio www.harmony.com. Quienes vivan por esos lares y tengan info de interés de ese site, se agradece ampliar de qué se trata en los comentarios.
Cuestión que no sé cómo, pero Zafira conoció a Paul y como muchos suelen decir, FLASHEÓ. Paul tenía 39 años, era abogado, buen mozo, atlético, simpático. Desde un principio tuvieron muy buena onda. Se escribían mails, chateaban, hablaban por teléfono y se veían. Lo que llamaba misteriosamente la atención era que después de cada cita, Paul no dejaba pasar más de dos o tres días para coordinar el próximo encuentro. Raro un tipo con tanta frecuencia e iniciativa…
Sus propuestas eran variadas. Varias noches salieron a cenar. Otras fueron a tomar algo. Hicieron picnic en la plaza. Tardes de pileta. Caminatas por el parque. Cine al aire libre bajo las estrellas. Cine en Cinemark… la invitó a la casa en la primera semana. Durmieron juntos varias noches. Tan intenso fue todo que hasta llegaron a hablar de exclusividad. Qué tema el de la exclusividad cuando uno anda de roteishon por los e-dating sites…
Zafira estaba embobada. Parecía que todo iba super bien. Paul era muy cariñoso, insistía con que ella pasara más de una noche por semana en su casa y siempre tenía ganas de verla. Y a ella le encantaba, ofcors! Y porque le encantaba, nunca opuso resistencia… re-ofcors!
Había pasado un mes cuando Zafira lo llama por teléfono para coordinar dónde encontrarse. Pero Paul no contestó. Insistió un par de veces más, y otra vez Paul no atendió. Esperó un par de horas y volvió a llamar. Entonces Paul atendió y se excusó diciendo que el día anterior había tenido un ataque de pánico, que no estaba preparado para enfrentar una relación tan seria, y que prefería poner distancia y no verla más. La conversación no fue más allá que eso. No hubo espacio para preguntar nada más.
Zafira se preguntaba una y mil veces qué habría sucedido. No podía creer que las cosas terminaran así. Pero se convenció y decidió olvidar. Pasó una semana, dos, tres y contactó a otro muchacho por Internet: John. Coqueteo cibernético. Mail, chat… y pusieron cita para conocerse.
Se acuerdan de Pancho? Ese pibe que se fue desde Tigre a Huanguelén para conocer a una chica y terminó durmiendo en un hotelucho de mala muerte? Bueno, ese mismo, si, si… viene con una mala sueeeerteeeee… hoy nos deja una anécdota corta, pero digna de contar.
Como les decía en aquella oportunidad, Pancho está completamente convencido de que existe una mujer en algún lugar que todavía él desconoce, y que ha sido predestinada a enamorarse de él, y él de ella. Es así, a pesar de todas las malas experiencias, Pancho no se desanima y continúa en su búsqueda con la misma energía y la misma predisposición a enamorarse.
Esto quiere decir que sigue con su habitual investigación de perfiles de ZonaCitas, que habitualmente sigue teniendo primeras citas. A veces llega a segunda base, incluso a tercera… pero todavía no ha llegado a más. Cuestión que explorando perfiles en ZC, hace poco dio con una morocha infartante. Se llamaba Clara, y van a ver qué bien le hacía honor al nombre!
Clara tenía 30 años, era analista de sistemas, soltera, sin hijos, y de Capital Federal. Buscaba un hombre divertido, que le gustara mucho correr, comer, etc.. Pancho corre dos veces por semana, sale a comer muy seguido, y obviamente, no reparó en el etc.. El resto de la descripción de Clara era lo habitual: películas favoritas, destinos favoritos… signo del zodíaco… ni más ni menos que lo que te pide ese site.
Pancho le mandó un guiño. Ella no solo le contestó, sino que como había pagado la membresía mensual, también le envió un mail. Hasta el día que planearon verse, cruzaron un par de mails, algunos mensajes de texto y chatearon sólo una vez. En las fotos, Clara se veía hermosa. De las idas y venidas de mails y mensajes de texto, Pancho intuía que Clara era una chica que tenía muy buen humor, respuestas rápidas y divertidas. Y le propuso verse. Qué mejor que conocerse para ver si podía llegar a haber algo más. Qué mejor que conocerse para dejar de perder el tiempo. Porque si Clara no era para él, entonces había que retomar la búsqueda lo antes posible. Y si Clara era, entonces para que dejar pasar el tiempo, cuando lo podían disfrutar juntos.
Entonces tuvieron una primera cita. Ciertamente, Clara era tan linda como se veía en las fotos, sólo que en las fotos no se veía el piercing que llevaba en su lengua, y mucho menos se veía el par de piercings que decoraban sus pezones, según le había contado ella, a los 5 minutos de conocerla. Y a Pancho eso le daba un poquito… poquito, tampoco tanto… de impresión.
Con el pasar de las horas, Pancho se dio cuenta que efectivamente, Clara era una chica con buen humor, de respuestas rápidas y divertidas. De hecho, todo lo que Pancho había intuido, era así. Salvo por un pequeño detalle: Clara era una chica clara, de respuestas muy rápidas en el más amplio sentido de las palabras. Podría decirse: Clara, de respuestas muy rápidas y muy claras.
Así terminó la cita:
P: la pasaste bien?
C: sí, muy bien. Sexo hoy? Qué te parece?
P (sorprendido): eh…
C: mirá antes que nada, te cuento, entre nos (con mirada cómplice y voz sensual) me podés dar tranquilamente por atrás porque ya no me duele.
Mamitaaaaaaaaaaaaaa!!! Que confesión! DELICADEZA total!!! No haber estado en la mesa de al lado y escuchado semejante frase… “ya no me duele” – le dijoooo, entendeeeés? – “me podés dar” – dar un palo, un garrotazo! Una divinura. Convengamos que por más opend mind que nos creamos, no todos estamos preparados para este tipo de situaciones… al menos yo, no. Y sigue la cosa:
P (sorprendidísimo): hoy no… ya es tarde.
C: la próxima entonces, dale. Supongo que habrás notado en mi perfil que me gusta mucho correr, comer, etcétera jaja! Eso sí, coser no entra en el etcétera! Jaja!
Hace un tiempo, a raíz de la revelación de algunas viejas anécdotas amorosas, varios de mis amigos coincidieron en que había llegado el momento de contar “historias”. Pero no cualquier historia. Propusieron que comparta la colección de anécdotas que he acumulado gracias a ciertos pastelitos que se cruzaban en mi camino, y que hacían que cada vez que me preguntaban qué hacía sola, yo contestara “coleccionando anécdotas”. Y acepté la propuesta.
ENCUESTAS ANTERIORES